Mi historia en psicología (parte 2)

Pese a que empezaba gradualmente a conocer más sobre la psicología, aún tenía mis reservas, y resulto ser por aquella época que estaba cursando la secundaria, que conocí a muchos profesionales de la salud mental, así como encontré personas muy desagradables y sin el mínimo tacto humano para trabajar con seres humanos, como también conocí a personas increíblemente gentiles, bondadosas y humanas que estaban verdaderamente comprometidas con el desarrollo de los humanos. Entendí algo muy importante en aquel momento; la psicología no tenía la culpa de las malas experiencias que yo había tenido, la tenían las personas que mediocremente la ejercían.
Cuando llegué a la preparatoria, llevé respectivamente las materias de psicología y filosofía. Fue en aquel entonces que comencé a apasionarme por los procesos mentales y la mística de la mente humana, y todo lo que compone nuestra esencia. Conocí a los grandes maestros y sus revolucionarias teorías que crearon la psicología moderna. Conocí por primera vez las cinco corrientes madres (como yo las llamo); la Gestalt, que nos enseña a entender la relevancia de los esquemas y estructuras en los procesos mentales. Rogers y la Teoría Humanista que nos motiva y enaltece nuestras capacidades y virtudes humanas. Watson con el Cognitivismo y el Conductismo, que había logrado curar fobias. La Psicología Sistémica que se maneja desde los grupos sociales. Y también profundice en el Psicoanálisis de Freud, que busca, mediante la “asociación libre” que el ser humano llegue a la profundidad de su inconsciente. Creo que una virtud que en aquel momento me ayudo mucho entender los verdaderos beneficios de la psicología, fue cuando me atreví a pedir ayuda a una psicóloga real.
Estaba, en aquel momento, pasando por un momento de autodescubrimiento en el cual me estaba descubriendo en una faceta de mí que no había trabajado tan abiertamente antes y que me había retado a asumir la responsabilidad de mi vida como adulto y como ser humano. No fue un proceso sencillo, pero logro despertar en mí a una persona feliz, amorosa y decidida. Me apoye entonces en las charlas que sostenía con mi maestra de psicología que de alguna forma es una musa para mí, y fue ella quien finalmente me inspiro a estudiar psicología. Con este contacto nuevo que tuve con la psicología, logré empoderarme y superar mis miedos. Fue una manera distinta y amable de ver y comprender esta ciencia.
Para ese momento, estaba terminado mi preparatoria y estaba haciendo mis planes universitarios. Pero estaba muy confundido y aunque sabía que quería estudiar la universidad, pero no sabía que ni dónde. Mi maestra de psicología me acompaño también en este proceso ayudándome a planear y buscar escuelas. En una de esas conversaciones que teníamos, me miro directamente y cual profetisa dijo: “¿has considerado la psicología? Tu serías un gran terapeuta, tienes madera. Podrías complementarlo muy bien con todo lo que haces” aunque una parte de mi se sentía tentado, yo en aquel encones era un mocoso y estaba mas enfocado en cumplir mi sueño de ser pintor. Por lo tanto, deseche la idea de la psicología para enfocar mi talento en las artes.
Cuando repare en que las artes no debían ser mi campo de estudio sino una pasión que alimentaria con mi trabajo personal, claudique a estudiar arte y empecé a trabajar en otras cosas. Sin embargo, rápidamente me di cuenta que no era posible desechar la carrera universitaria, pues de hacerlo, estaría deshonrando al largo linaje de personas excepcionales, académicos y profesionales que me heredaron sus conocimientos para que yo lograra superarme a mi mismo. De esa forma retome la búsqueda, pero esta vez, decidí volcarme a algo distinto pensando en lo que lograría si llegaba a graduarme. Así fue como me inscribí en la carrera de Mercadotecnia, la cual comenzaría en enero. Estaba decidido a lograrlo y llegar tan lejos como fuera posible. Pero cuando llegaron los meses de invierno, mi mente me asalto con la duda, y entonces la psicología volvió a surgir entre las nieblas de mi mente. Mi madre, mi suegro, mi pareja y todas las personas que me conocen y aman, me habían incitado antes a intentar con la psicología. El invierno tiene una mística extraña, y nos abre la mente de una manera inconfundible. En ese momento decidí dejar a un lado mis aptitudes de mocoso y escuchar las ideas de mi familia. Las palabras de mi maestra volvieron a surgir en lo profundo de mi ser, pero fue finalmente mi pareja quien me hizo decidirme, cuando le exprese mi conflicto su respuesta fue “tú puedes ser psicólogo y pintar o trabajar en una empresa, pero no puedes ser mercadólogo o pintor y ejercer la psicología”. Esa fue mi confirmación, la señal que necesitaba, y finalmente accedí.
Cambie de carrera, cambie de universidad y por primera vez me sentí en casa, sentí que estaba justo donde tenía que estar. Las señales son importantes, nuestra vida esta llena de ellas y debemos ser lo bastante abiertos, pero objetivos, para descubrirlas y saber interpretarlas. El día de mi primera materia llegue a la administración a dejar mis últimos documentos, en ese momento vi a una mujer rubia y de lentes que me empezó a preguntar por mi carrera, cuando le dije que estudiaría psicología, se echo a reír y me dijo “cuando quieras te doy asesorías”. Estaría compartiendo las materias de tronco común con una exitosa psicóloga aspirante a abogada. Fue la primera amiga que hice a en la universidad. Seguidamente lleve la materia de Inteligencia Emocional y concia a otra psicóloga excepcional que resulto ser mi maestra. Con ella viví mi primera experiencia “del otro lado del sillón”, me invito a auditar una terapia psicológica en su consultorio, en la que creyó sería útil mi experiencia de vida. Para mi ese fue el momento mas perfecto hasta este momento de la carrera, entendí que eso es lo que yo quería hacer y es a donde quería llegar. Con cada facilitador que se cruza en mi carrera, conozco algo nuevo; tengo maestros que son psicólogos, psicoanalistas, comunicólogos, empresarios, todas y todos ofrecen algo bueno y nuevo a mi formación.

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